El hombre feminista
Ser varón y feminista tiene un punto cachondo. Sobretodo porque la gente se lo toma a guasa. Mis estudiantes lo hacen….
ser feminista es plural, pero las feministas absurdas (hay tantas feministas absurdas como varones cretinos) se indignarán leyendo estas líneas. Dirán que banalizo la opresión. Dirán que aunque entiendo, sigo siendo varón y por serlo las oprimo. Dirán que en un hombre el feminismo es imposible. Grave error. Para ser marxista no es necesario ser pobre. Para ser feminista no es preciso ser mujer. Feminismo y marxismo sirven para pensar la sociedad. El marxismo explica las desigualdades de clase. Y el feminismo las de género. Algunos hombres crearon el machismo, pero la mayoría lo padecemos. (….)
La homofobia condiciona la identidad masculina (tanto hetereo como gay). Homofobia no es odiar a los gays. La homofobia es más que eso. La homofobia es el terror de los varones a amar a otro varones. Se trata de un miedo intenso y terrible. Un pánico tremendo semejante a los terrores sagrados. Los varones (también los gay) se sienten inseguros al amar a otros varones. Los heterosexuales crearon el gueto con idéntico objetvo. La homofobia impulsa a muchos gays a la promuscuidad. Pero no son promíscuos porque les guste el sexo, sino más bien porque temen el pacto amoroso. Y precisamente eso denuncia el feminismo: la incapacidad general de los varones para el compromiso afectivo.
(Publicado en la revista Shangay y reproducido en el libro La Eva futura de Lucia Extebarria
Una verdad como un templo. A los hombres se les educa para rechazar la afectividad. Se les inculca que la afectividad erosiona su virilidad y su identidad como hombres. No es de extrañar que, mutilados de ese modo, sean más propensos a la violencia y a la cultura machista. ¿Cuándo despertarán y empezarán a decir no al machismo? Esta sociedad necesita urgentemente una revolución masculinista, que comience a reconstruir otro modelo de masculinidad en el que el deseo masculino de aventura, heroísmo e individualismo deje de ser sinónimo de guerra, ausencia de afectividad y de compromiso, donde el hombre pueda ser coqueto, afectuoso y vulnerable sin miedo a perder su hombría; donde la sobriedad, la racionalidad y capacidad de materializar ideas no se conviertan en baluartes de superioridad y egoísmo, sino en herramientas para la cooperación.
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