Gurus y la batalla del egoismo

En la web de uno de los últimos avatares hindúes que ha conquistado el corazón de muchos europeos y que aboga por la transformación del mundo mediante la experiencia de diksha (Gracia divina) leo:

¿Qué significa cooperar?; no la palabra, pero el espíritu de la misma. No puedes cooperar con otro, con la tierra y sus aguas a menos que tengas armonía, no estés dividido y no tengas contradicciones; no puedes cooperar si estás bajo presión o conflicto

Tiene sentido común……

Si dentro de mí vivo en conflicto, como es el caso a menudo, si siento estrés, presión o confusión, es más difícil cooperar. Los “otros” suponen una amenaza para mi identidad. La cooperación requiere confianza en el otro y si no podemos tener un mínimo de confianza en nosotros mismos, resulta más problemático confiar en los demás. Pero no toda contradicción es conflictiva

Pero entonces continúa, como si existiese una relación entre una cosa y la otra:

¿Cómo puedes cooperar con el universo si sólo te preocupas por tí mismo, por tus problemas y ambiciones? No puede haber cooperación si todas tus actividades están centradas en ti mismo, solo te ocupas de tu egoismo, de tus deseos y placeres secretos

Al leer esto, suenan las alarmas internas, ¿será porque se parece demasiado al mensaje que la igelsa ha utilizado durante años para dominar y enriquecerse?.. Pero hay algo más…

El egoísmo no es siempre nefasto y contrario a la cooperación.

El egoísmo puede ser, sin duda, una de las maldiciones del humano. Cada vez que perdemos la capacidad de empatía, cada vez que nos sentimos separados del mundo, ahogados dentro de la burbuja personal, domonados por el impulso de satisfacer nuestros deseos de poder o de placer a costa de la satisfacción, bienestar y poder del otro, traemos sufrimiento y la cooperación es imposible. Ese egoísmo de “yo primero”, ,caiga quien caiga”, nos hunde como individuos y como colectivo. Esto lo vemos reflejado en la sociedad occidental que satisface sus deseos de consumo a costa de miseria en los países pobres: esclavitud infantil o explotación.

Sin embargo, nada es absoluto. El egoísmo nos ayuda a ganar un sentido de la individualidad, a saber lo que deseamos y a no actuar por ciega obediencia, por el saber de otro. Nos ayuda a crear un centro sólido dentro de nosotros, una individualidad, que después sea capaz de cooperar con otros individuos por elección propia.

Los grandes egoístas en la Historia, hombres (más) mujeres (menos) de tendencia “dominadora” que han utilizado el discurso antiegoismo para satisfacer sus propios fines, para mantener a los humanos como una masa indiferenciada incapaz de pensar y actuar, salvo bajo los preceptos que la religión del momento establecen para subyugar y esclavizar. De hecho, esa es la historia de la humanidad.

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