Desde el comienzo de la Historia, con mayúsculas, se ha dado por sentado la supremacia del Hombre sobre los animales, y del sexo masculino sobre el femenino. Esta visión, tan estrecha como arraigada, sirve de base para interpretar otras culturas o épocas de las que solo tenemos atisbos.
¡Quien no recuerda la cómica imagen del cazador prehistorico, fuerte, y dominante, arrastrando de los pelos a una fémina sumisa y débil….De hecho, durante siglos la supremacia del hombre sobre la mujer, en cuanto a inteligencia y estatura moral, se ha basado en la creencia de la supremacia masculina a lo largo de la evolución: la inteligencia del varón como cazador permitió la aparición de la sociedad; el varón-cazador inventó el fuego y pintó increibles pinturas rupestres, los chamanes eran hombres…
Pues resulta que va a ser otro mito del patriarcado… Dean R. Snow, un investigador de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), asegura que ha logrado despejar una de las incógnitas que han ocupado a los estudiosos de las pinturas rupestres durante el último siglo. Después de analizar varias imágenes de manos del Pleistoceno, Snow ha concluido que un gran número de esas impresiones fue realizado por mujeres. Este dato, de confirmarse, proporcionaría información sobre el rol social femenino durante la prehistoria y acabaría con el prejuicio (más presente en la cultura popular que entre los estudiosos) de que los hombres eran los protagonistas del arte de las cavernas.
“En las cuevas que he estudiado, en torno al 75% de las manos pertenecían a mujeres”, apunta el arqueólogo estadounidense. Aunque por el momento no ha realizado una reflexión profunda sobre el significado de esta mayoría femenina, Snow cree que al menos el dato parece sugerir “un cierto igualitarismo en aquellas sociedades”.
En cualquier caso, Lasheras cree que no hay motivos para creer que las sociedades prehistóricas fuesen machistas ni que los artistas detrás del arte rupestre tengan que ser todos hombres. “La segregación por género o el machismo son relativamente recientes”, asevera, “y que nosotros hayamos llegado a minusvalorar algunas actividades que realizan las mujeres no significa que esto haya sido siempre así”. “La caza mayor, por ejemplo, era cosa de hombres, pero la aportación al grupo de las mujeres a través de la recolección era aún más importante”, concluye.
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