El aquí y ahora y una nueva visión de futuro

Desde que el hombre es hombre ha imaginado un mundo mejor, sin guerras, conflictos ni enfermedad. Probablemente, los niños en el mundo occidental de hoy se acercan más que nunca a esa utopía. No existen muchos periodos en la historia de la humanidad que puedan alardear de dos y hasta tres generaciones sin guerras, con las necesidades básicas cubiertas desde su nacimiento y con una infancia larga dedicada al juego y a la educación.

Y sin embargo, esa misma sociedad vive en angustia, con un incremento de los casos de depresión y ansiedad, donde las conductas histriónicas prevalecen hasta tal punto que por “salir en la tele” la gente está dispuesta a casi todo.

Abundan los libros de auto ayuda que, como solución, nos invitan a vivir en el aquí y ahora. Sin duda funciona cuando la vida embiste y nos pone ante retos dolorosos.

Hay unos pocos estudios que han analizado los rasgos de personalidad de personas enfrentadas a una vida “dura”, ya sea porque padecen dolor crónico, han experimentado la muerte súbita de seres queridos o son padres de niños con enfermedades crónicas descapacitantes. Aquellas que mejor afrontan la situación y conllevan estas circunstancias con más dignidad y valentía comparte algunos de rasgos de personalidad. Por ejemplo, son personas poco imaginativas, con los pies en la tierra, carecen de interés en hacer planes futuros, y están orientadas hacia el presente, el día a día. Su estrategia de afrontamiento se basa en el aquí y ahora.

Tal vez, estas personas no nacen así, las circunstancias las hacen así. Desarrollan formas de pensar y estrategias de afrontamiento que les permita seguir funcionando con un grado de equilibrio emocional ante una situación difícil.

Sin embargo, ante periodos de vida satisfecha, sin el acecho de peligros ni enfermedades, de grandes conflictos, el vivir en el aquí y ahora, sería realmente satisfactorio?

Antes de seguir adelante con esta reflexión y ejercicio de la imaginación deseo dejar claro que no me refiero a vivir con presencia.

Me surge un pensamiento un tanto escalofriante: ¿Y si la mente/psique  no fuese capaz de funcionar bien a menos que exista el conflicto y las dificultades externas? Y si ¿después de tantos siglos de conflicto y dificultades fuese necesario reestructurar la psique para que sea capaz de vivir de forma saludable ante un mundo dedicado al ocio, a la vida fácil? ¿Qué tipo de entrenamiento necesitaríamos? ¿Qué estilos de pensamiento y formas de ser serían las más adecuadas para este nuevo mundo?

Propongo esta posibilidad como un ejercicio de la imaginación. Como una forma de parar la reacción “menuda tontería”.  Siempre existirá el sufrimiento, la enfermedad… Quizás,  pero las visiones son necesarias para mejorar

Y  ¿si el vivir en el aquí y ahora solo tiene cabida y sentido en una vida en la que las carencias y el peligro son la norma, y no la excepción ? Y ¿si para una generación de niños nacidos y criados bajo la protección, el bienestar, el sentido de control y la sensación de que el mundo es un lugar seguro y cómodo, el asombro de estar vivos se quedase corto? ¿Que necesitaria esa mente nueva para no caer en la desidia, ni en la búsqueda del conflicto, para sentirse viva y maravillada?

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